martes, 22 de septiembre de 2026

SOLEDAD

 

SOLEDAD


Ayer caminaba por una acera de mi ciudad, estrecha, suficiente para el paso de dos personas. Una anciana venía empujando un andador. Todo normal cerca hay una residencia de los mismos, lo anormal es ir hablando con el andador, me fije si llevaba auriculares tanta tecnología no llego a ella. Josefa, luego supe su nombre. Siguió andando con su cadencia pausada. En el trecho de la acera, le daba tiempo a discutir incluso. La seguí a una distancia prudencial. Observando. El resto de viandantes la ignoraba. Todo el mundo tiene prisa. En la rotonda un árbol único da sombra a los adoquines que le rodean. Josefa interrumpe su paseo pasa sentarse en el andador, sus narraciones se interrumpen y comienza a volver la cabeza de un lado a otro, los peatones la van esquivando con miradas de desaprobación La parada es contraria a la prisa y ayer todo el mundo tiene urgencia. Josefa saca un pañuelo de la manga izquierda va hacía sus ojos para evitar que nadie vea que esta llorando pero los espasmos, no los controla. Me acerco a ella y le pregunto: “que le ocurre” Me indica su nombre y me relata el sentimiento que le lleva su vida. Está viviendo en la residencia pero allí esta todo el mundo adormecido unos por dolores otros por nervios y a ella le gusta salir y solo tiene el contacto con su andador mantiene un dialogo con él pero nunca le responde, “me estoy volviendo loca” es la pregunta que me hace. Josefa, la locura es la que nos rodea la aceptamos y seguimos, todo se hace normal, para no ser un extraño. Seguimos hablando en una terraza casi llena. La gente tiene cara de circunstancias todos monocordes pero alejados unos de otros. Cuanto me ha enseñado Josefa, ayer.

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